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Catherine Parker Larrañaga  

Catherine Parker Larrañaga

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Querido Piropo…(para ese que se dijo con respeto)

¿A quién se le ocurrió sancionarte?, ¿qué mente tan limitada nos privó de escucharte ensalzar nuestro ego con grandiosidad y virtuosismo?, ¿cómo alguien tan miope de cariño y buen humor, sanciona la creatividad que emana jocosa de tu alma de hombre, engrandeciendo nuestra belleza y robándonos una sonrisa?

Magistrado inquisidor: eres la oscura envidia de quien nunca los ha recibido y el mezquino egoísmo de quien no quiere que nadie, jamás, vuelva a recibirlos.

Inocente Piropo condenado a perpetuidad: te extrañaremos en cada esquina, en cada voz gritada de rascacielos en construcción, en cada ventana abierta a toda velocidad para arrojarnos un elogio, que cual ramo de flores lanzado al escenario de un célebre artista, llegaba a nuestros oídos.

Nos arrepentiremos de haber permitido oscurecer nuestras calles con la amargura de quienes no quieren reír, con la impotencia de quienes quieren regalar y no pueden y con el lúgubre caminar de transeúntes, que perdieron la posibilidad de recibir un afectuoso saludo, de quien osaba dibujarnos una sonrisa al cruzar de vereda a vereda.

Querido Piropo: tu sentencia fue sellada con el duro golpe del mallete.
En tu defensa, solo puedo decir que eras el alma de la calle y espero que algún día, esa tan absurda ordenanza se desvanezca, absolviéndote de culpa y liberándote de un injusto castigo.